Las abejas bailan. Cuando encuentran alimento vuelven a la colmena y bailan. Bailan para comunicar la dirección y la distancia a la que se encuentra el polen. Recientemente, además, se ha descubierto que esta danza no es innata, es decir, no está codificada genéticamente. Sino que las abejas aprenden esta coreografía. Aprenden a bailar, literalmente, para sobrevivir.
Nosotras también bailamos para sobrevivir. Nosotras tenemos hambre. Hambre de contacto, hambre de cuerpo y de presencia. ¿Sobreviviremos?
Su danza de la miel. Nuestra danza de la piel.